Es, también, uno de los elementos que producen mayor perturbación psicológica, sobre todo entre personas de carácter débil o poco equilibrado. Por todo ello, al plantearse una operación de la nariz, el cirujano debe tener presente la armonía de todo el rostro; si un rostro es alargado, la nariz nunca tiene que ser corta; si, por el contrario, el rostro es ancho, la nariz no debe ser demasiado estrecha. Lo importante es que la nariz, después de operada, no aparezca en la cara como un elemento extraño que se haga notar en demasía.
