La falta de potasio aparece de inmediato y en casos extremos puede llegar a provocar estados de coma y hasta la muerte. La de hierro se manifiesta en forma de anemias y suele sobrevenir con bastante celeridad, sobre todo después de una hemorragia. La falta de calcio aparece a muy largo plazo, pero también es muy costosa de recuperar. Uno de sus síntomas es la osteoporosis, o debilitamiento y reblandecimiento de los huesos, que ataca fundamentalmente a las mujeres, empezando una vez que rebasan la adolescencia. Por eso, a partir de los veinticinco años todas deberían hacer ejercicio y/o incluir suplementos de calcio en su dieta. Y cada vez aparecen nuevos datos que refuerzan el concepto de la importancia de los minerales. Muchas de las enfermedades o carencias que acucian al cuerpo son producto de una ingestión deficiente de ciertos minerales. La fatiga, la pérdida repentina o anticipada de la juventud, los ritmos cardiacos irregulares o las reacciones negativas e imprevistas del organismo suelen deberse a que nuestra dieta no contiene los minerales imprescindibles, debido, sobre todo, a que los suelos van perdiendo su porcentaje en mineral a causa de la erosión, la desertización, los pesticidas o el abono y la roturación excesivas. En esos casos hace falta completar la dieta con suplementos alimenticios, que suelen contener las cantidades necesarias para cubrir los requerimientos mínimos diarios. Sobre todo, como ya se ha visto en el caso de las vitaminas, los atletas pueden necesitar cantidades mucho más considerables de minerales, fundamentalmente cuando se encuentran en período de competición, crecimiento muscular o desgaste excesivo. Mucho cuidado con las dietas para bajar de peso acompañadas de ejercicio, que nos privan aún más de los elementos esenciales para la subsistencia en buenas condiciones del cuerpo humano.
